Episodio 5. Temporada 1

La mordida

La vegetación ha tomado la ruta.

No crece: invade.

Ramas negras se arrastran sobre el asfalto. Raíces gruesas rompen la línea amarilla como si el camino hubiera sido olvidado por el mundo. El aire es denso.

Ceniza.

Metal caliente.

Y algo más.

Algo que se pudre.

Reese avanza con el fusil bajo, pero listo. No pregunta. No opina. Observa. Está midiendo al grupo… y encajando en él sin estorbar.

Ethan no se separa del vehículo. El hacha descansa en sus manos, pero ya no tiembla como antes. El miedo sigue ahí.

Pero ahora… responde.—

Queda mucho camino —dice Lila, revisando el mapa sobre el capó—. El combustible está bajando, pero seguimos dentro del margen.

Justin asiente.

Va a responder.

Pero se detiene.

No escucha nada.

No todavía.

Lo siente.

Un tirón leve en el pecho.

Un cambio en el aire.

Una presión que no viene de afuera… sino de dentro.

Sus ojos se deslizan hacia el bosque, a lado izquierdo de la ruta.

Las ramas no se mueven con el viento.Se abren.

—Alto.

Todos observan detenidos, expectantes a lo que se refiere, no comprenden qué es lo que Justin está percibiendo.

Reese ya está apuntando.

Ethan ajusta el agarre.

Lila levanta la pistola sin dudar.

Entonces emerge.

No camina.

Se despliega.

La criatura es más larga que un humano. Su espalda está encorvada, el torso inclinado hacia adelante, como si el peso de su propia mutación la obligara a cazar. Las extremidades son desproporcionadas.

Adaptadas.

Su piel no es piel: es como placas irregulares, encallecidas en zonas, como si algo hubiera intentado blindarla… sin terminar el trabajo.

Se mueve.

Demasiado rápido.

—¡Justin! — grita Lila.

Justin ya está en movimiento, busca ángulo, intenta levantar la escopeta—

Pero llega tarde.

La criatura no ataca.

Impacta.

El choque es brutal. El aire sale de los pulmones de Justin en seco. Retrocede un paso… dos…

Pero no cae.

No debería resistir eso.

Sus músculos se tensan como cables al límite.

Entonces siente los dientes.

Se hunden en su antebrazo.

El tiempo se rompe.

Nadie dispara.

Nadie respira.

Esto ya lo han visto antes.

Saben cómo termina.

Pero no termina.

La piel no cede.

Se marca. Se hunde. Se tensa.

Pero no se abre.

Justin siente el calor.

No es dolor.

Es otra cosa.

Algo que despierta.

Su pulso se acelera. La sangre golpea con fuerza en las sienes. Cada músculo responde como si hubiera estado esperando esto.

Entonces Justin empuja.

Y esta vez… no es humano.

La criatura sale despedida.

Literalmente.

Golpea contra el asfalto con un sonido seco.

—¡Fuego! —ordena Reese.

El disparo impacta. La criatura se sacude, tambalea pero no cae.

Ethan entra. El hacha baja con decisión.

Golpea.

Pero no es suficiente.

Justin ya tiene la escopeta.

No duda.

—¡A la cabeza, teniente! —grita—. ¡A la cabeza!

Reese corrige.

Dispara.

Uno. Dos. Tres.

La cabeza revienta en un estallido oscuro.

Silencio.

Real.

Pesado.

Reese baja el arma primero.

—Ahora sí…Ethan no responde.

Está mirando a Justin.

Todos lo están.

—¿Cómo…? —susurra—. ¿Cómo no te hizo daño?

Justin no responde.

Mira su brazo.

La marca está ahí.

Profunda. Roja.

Pero la piel…

No es la misma.

Más densa. Más firme. Como si ya no perteneciera del todo a lo que era.

Respira.

Siente su propio cuerpo.

Y lo entiende sin entenderlo.

Está cambiando.

Lila se mueve primero.

Siempre es ella.

Se acerca despacio. Toma su mano con cuidado, como si midiera algo más que una herida.

No hay miedo en sus ojos.

Hay algo más fuerte.

—Sea lo que sea que esté pasando en tu cuerpo… —dice en voz baja— lo vamos a entender.

Justin cierra el puño.

La fuerza responde.

Natural.

Instintiva.

Peligrosa.

No sabe en qué se está convirtiendo.

Pero sí sabe esto:

Si esto le da una ventaja… si esto le permite mantenerlos con vida… si esto protege a Lila—

Entonces no va a detenerlo.

Lo va a usar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio