Episodio 3. Temporada 1

El bombero

Esa mañana, el amanecer no se dejó sentir.

Lila despertó primero.

Permaneció acostada unos instantes, asimilando dónde estaba.

En su mente aún rondaban fragmentos de su rutina de apenas unos días atrás.

Sin darse cuenta, comparó aquella vida con la que ahora tenía frente a ella.

Repentinamente, recordó a Justin, la mordida, se sobresaltó.

Había tenido un sueño pesado y no había podido acompañar su descanso.

Se giró bruscamente sobre el colchón inflable.

Justin, a su lado, dormía profundamente, todavía.

La noche anterior, después de acomodarse, bañarse, ella cuido su herida.

Lila notó algo extraño.

La mordida no lucía mal.

De hecho, parecía una herida con más de un día de evolución, no una hecha apenas unas horas antes.

Lucía seca, bien, como si estuviera sanando.

Lila se extrañó, pero no dijo nada, era mejor que se viera así, antes que verse empeorando.

Entonces ella extendió la mano, jugó con su pelo, la acarició el rostro, y noto que tenía la piel levemente caliente, como una fiebre interna.

Se levantó despacio, buscó un paño, lo mojo, y lo puso sobre su frente. Estaba profundamente dormido aún.

No sé fijo en la hora, pero había amanecido y el sol era visible por la ventana de la vieja cabaña.

Ella buscó café, huevos, cereales… No había leche, pero, habría un desayuno.

Una hora después Justin despierta, el olor a desayuno lo sorprendió, trajo a su mente imágenes de la vida de la semana atrás.

El ser humano se acostumbra rápido a las cosas importantes.

A la rutina.

A la familia.

A las pequeñas costumbres que parecen insignificantes hasta que desaparecen.

Esos cambios casi siempre dejan la sensación de que algo falta.

Y era esa sensación la que se agolpaba en la mente de Justin, quizás despertado por la fragancia de lo que preparaba Lila.

Sentado allí, sobre el colchón, recordó la herida, se tocó palpando el lugar y encontró que estaba vendada.

Para su sorpresa, no sentía absolutamente ningún dolor o molestia.

Y entonces se quedó pensando.

No me siento enfermo.

Ni siquiera cansado.

Se levantó de la colchoneta de aire, y flexionaba los brazos, como probándose a sí mismo.

Entonces se dio cuenta que había dormido nada más que lo necesario, pero, se sentía como 10 años más joven, vigoroso, totalmente despierto y dispuesto a caminar nuevamente de regreso 10 km, hasta la ciudad.

Luego fue hasta la cocina.

– Hola. Dijo a Lila

Ella mucho más tranquila que el día anterior, respondió – Hola, ¿cómo te encuentras? Dormías profundamente cuando me levante.

– Sí, me siento muy bien, raramente bien diré. Respondió el.

Desayunaron entonces.

Luego, hablaron de cuál sería el siguiente paso.

— ¿Qué haremos? — pregunto ella.

Lila pensaba que seguir a pie sería muy complicado.

Justin estaba ante una de las ventanas mirando hacia afuera. No respondió en seguida, analizaba las posibilidades.

— Hay cosas que debemos evaluar. Respondió. – Queda suficiente combustible en los bidones en la carrocería de la Chevy, y mucha agua también.

— Si sigue donde la dejamos y cómo la dejamos, será nuestra bendición—.

— Pienso volver por ella —.

Callaron unos segundos. Lila esperaba pensando.

— Se que no es nueva, pero nos servirá aún —. Agregó. — Además, en el tramo que hicimos hasta aquí a pie, no he visto más que autos, son bajos y no nos servirán en caminos donde queda desechos o cuerpos tirados —.

Silencio

— La mitad de la munición quedó bajo los asientos, en la cabina —. Termino de hablar y seguía mirando por la ventana.

A Lila no le cuadraba la idea, pero no podían darse el lujo de quedar sin un vehículo que sea capaz.

Además la pickup Chevrolet de Justin era alta, y entendía perfectamente que no se trataba de un capricho de Justin de ir por ella.

Entonces ella se puso en pie, camino hasta el, lo abraso por la espalda, estuvieron así unos segundos, en total silencio.

— Cariño, siéntate —.

Ella dispuso una vieja silla y lo sentó en ella.

— Déjame revisar esa herida —. Dijo.

El no dijo nada y permitió que ella lo sentara.

Lila tenia el botiquín listo, y le cambiaría el vendaje.

Él dijo. — Te lo iba a pedir —.

— ¿Cuándo quieres ir por la camioneta? — Pregunto ella.

— Considerando que me siento muy bien, ir mañana me parece buena idea, descansemos hoy y mañana temprano, desayunemos y vayamos —.

— Me parece perfecto —. responde ella.

— Esta herida está rara —. Dijo finalmente, mientras limpiaba con yodo povidona.

— ¿Cómo que rara? No me duele, sino fuera por la herida, estaría perfecto. ¿Se ve tan fea acaso? ¿Se infectó? —

— No, no es eso —.

— Nada de infectarse, es todo lo opuesto, parece sanar muy rápido, está seco y muy saludable —.

— Bueno, es mejor así, no? — Dijo él.

Ella sintió.

Para medio día habían preparado carne, arroz y otras cosas, tenían lo suficiente para ese día y el siguiente.

Durante el trascurso de la tarde estuvieron por el patio trasero, en silencio intentando mantener esa sensación de casa abandonada, a la vieja cabaña.

Conversaron, y Justin trataba de armar un plan, tenía una sensación de que esto había que plantearse como una misión de rescate, al estilo del ejército.

Pensaba que en cierto modo sí, es una misión de rescate.
Solo que el objetivo no es una persona.
Es la vieja Chevy.

Así que, al anochecer, se concentró seriamente en el asunto, sentado en la vieja mesa, escribiendo pros y contras, enlistando los pasos y enumerándolos…  hasta que quedó satisfecho con su idea, más bien, «plan de rescate».

Bueno, era cosa seria, debían caminar unos 10 km para llegar a la posición donde estaba la pickup. Es la primera parte del plan.

En la segunda parte está el cambio del neumático, Lila daría de cobertura.

El procedimiento debería ser sencillo.

Ubicar el neumático de repuesto y, empezar el trabajo.

Cambiar la rueda.

Veinte minutos de trabajo serían suficiente, si nada sale mal.

Y precisamente esa última parte era la que más preocupaba a Justin.

— En síntesis… Sería todo —. Susurró finalmente.

Al día siguiente, se levantaron temprano, según lo planeado.

Se alistaron, desayunaron bien, me refiero a que Justin lo hizo reforzado. Empacaron agua, mochila en la espalda y listo.

Empezaron la travesía.

Uno de los puntos de este viaje, es que el regreso cuenta con una ventaja enorme, volverían en la Chevrolet, y no caminarían otra vez.

Justin pasó todo el camino rumiando la idea de que debe sortear obstáculos, seguir calladitos una vez se acerquen a la zona más poblada, donde está la camioneta.

No que sea el centro de la ciudad, pero esa periferia estará concurrida de no muertos. Y si hay algo que Justin ya ha logrado pillar es qué, el alboroto llama la atención de esas cosas.

Pasada una hora y media más de caminata, ya estaban pisando el borde exterior de los barrios aledaños de la ciudad.

Cuando estaban en el linde entre un barrio y otro, en una doble avenida ancha.

Se oye unos forcejeos, Justin hace señal militar de stop, con puño cerrado, se sientan sobre sus pies y se agazapan tras una caja grande de basuras.

Lila cuenta con la ventaja de que Justin siempre la ha preparado para situaciones que quizás, anteriormente era imposible pensar que, algún día, toda esa aparente pérdida de tiempo, aprendiendo esto les sería tan útil, como lo es hoy.

Ella es hábil, se mantiene atenta a cualquier respuesta física de Justin y le sigue el paso, como una soldado a su mando.

Así, volviendo al momento.

Un hombre sale repentinamente de una esquina, parecía correr, pero se gira, y pelea con dos de esas cosas.

Lo primero que llamó la atención de Justin no fue el hombre.

Fue el uniforme.

Un bombero.

Con su hacha de mano se defendió, derribando a uno, de un hachazo en el cuello.

El otro tropieza torpemente con su compañero y embiste al hombre cayendo sobre él.

El bombero lleva una protección improvisada en el antebrazo izquierdo, con el que se protege, ya que esta cosa sobre él, busca incansablemente un ángulo u oportunidad de morderle.

El ruido de la pelea, sumado al esfuerzo del bombero, terminaría atrayendo a otros.

Además, con lo silencioso de la gran avenida, lo más probable es que cuanto más se prolongara la lucha, esas cosas se juntarían más todavía.

Justin, al ver la mala situación del hombre, toma la decisión de intervenir, además, su temor trataba más de que si era uno de esos muertos o no.

Quitada la duda, dice a Lila, ayudémoslo, está agotado.

Entonces, se levantan y empiezan a repartir plomo, bueno, no derrocharlo, pero sí, unos pocos disparos y estaba hecho.

El bombero quedó atrapado bajo el cadáver.

Durante unos segundos ni siquiera intentó apartarlo.

Estaba exhausto.

Al finalizar los disparos Justin y Lila quedaron quieto observando, se miraron.

El bombero, al fin levanto una mano, haciendo señas que estaba bien.

— Gracias!— Dijo… — ¿Me dan una mano? —

Entonces lo ayudaron a quitarse al muerto de encima y, lentamente, se puso en pie.

Jadeaba, los observaba sin decir nada.

Unos segundos de silencio

 — ¡¿De dónde salieron ustedes?! —

Preguntó repentinamente.
— Me salvaron la vida muchachos. Gracias—

Justin simplemente asintió.
— Entonces pregunto lo inevitable. ¿Estas herido? ¿Te han mordido?

El bombero respondió.
— No, por supuesto que no —.

Justin asintió nuevamente, pero empezaba a impacientarse e intercambiaron miradas con Lila.

— No es conveniente quedarnos a socializar aquí, en seguida llegarán más de esas cosas —. Dijo.

Entonces se disponían a seguir camino.

— Bueno, cuídate bombero, nosotros nos vamos, tenemos una misión que cumplir —. Dijo Justin, serio y decidido.

El bombero los miró simplemente, en silencio, con cara de cierta decepción.

Era un hombre de entre 33 y 35 años, fornido.

Justin y Lila caminaron a unos 15 metro del hombre, y Justin se detuvo, al alcanzarla Lila, se detuvo junto a él.

— ¿Qué pasa? — Ella pregunto en vos baja.

— Creo que está solo—.

— Y si lo dejamos aquí, no llegará muy lejos —.

Ella entendió la preocupación de Justin, y manteniendo la mirada fija en sus ojos asintió.

— Haz lo que te parezca correcto —. Dijo.

Justin se giró.

El bombero los observaba quieto.

Seguía parado en el mismo lugar.

— Amigo, ¿Tienes compañía?
¿Vas a algún lugar? —

El esquivo la mirada en silencio, luego dijo: — No… la verdad es que estoy por mi cuenta —.

— Entiendo —. Dijo Justin. Mantuvo silencio por unos segundos.

— Puedes venir con nosotros —.

— Al menos hasta que encontremos algo mejor —.

— Pero tengo una condición —.

— Se siguen mis reglas, yo estoy a cargo, Lila es mi esposa.
Somos ella y yo, luego lo demás —.

— ¿Se entiende?

— Por supuesto señor —. Respondió el bombero, caminando hasta ellos y extendió la mano a Justin.

— Soy Ethan Myer —.

— Justin —. Dijo él y le respondió estrechando su mano.
— Vayamos, ya nos estamos demorando. Dijo Justin.

— Muchas gracias —. Respondió una vez más Ethan.

Y así, bajó las instrucciones de Justin, caminaron unos kilómetros más, por la ciudad, barrio tras barrio hasta llegar a la Chevrolet.

Menos mal, una vez allí, Justin pudo cambiar el neumático dañado por el repuesto, sin mayores inconvenientes.

Con la ayuda del bombero y la cobertura de Lila. Por fin, Justin, Lila y un nuevo amigo, emprendieron el viaje de regreso a la vieja cabaña.

Ethan Myers viajaba acomodado en la carrocería de la vieja Chevy.

Observaba las calles vacías y una ciudad convertida en la sombra de lo que alguna vez fue.

Por primera vez en varios días, no estaba solo.

Y eso ya era más de lo que esperaba encontrar.

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