Encuentro
La carretera se estrecha.
El asfalto está agrietado, cubierto de restos: mochilas rotas, un auto volcado, manchas oscuras que nadie se detuvo a limpiar. El silencio no es natural. Es expectante.
Justin reduce la velocidad.
—Algo no está bien —dice.
Ethan, en la parte trasera, mira alrededor. —Esta zona solía tener controles… patrullas rurales.
Justin no responde. Sus manos aprietan el volante. Siente una presión extraña en el pecho, como una advertencia sin palabras.
Más adelante, un camión atraviesa la ruta.
Demasiado limpio. Demasiado bien puesto.—
Freno —dice Justin—. Ahora.
El no muerto aparece desde el costado.
Sale de entre los árboles con un chillido húmedo. Corre bajo, rápido. No como los otros.
Justin gira el volante y lo embiste. El cuerpo golpea el capó y sale despedido, pero no queda quieto.
—¡Lila! —grita.
Ella baja del vehículo antes de que termine la frase. Dispara dos veces. El mutado cae… y se levanta.
Ethan duda un segundo de más.
Otro mutado emerge detrás del camión.
Y otro.
—¡Retrocedan! —grita Ethan, saltando de la camioneta hacha en mano.
Justin ya está fuera.
No piensa. Se mueve.
Corre hacia el primero, esquiva un zarpazo torpe, levanta la escopeta y dispara a la cabeza a menos de un metro. Precisión brutal. El segundo cae bajo un disparo de Lila.
El tercero no es lento.Justin lo siente antes de verlo.
—¡Izquierda! —grita.
Lila gira y dispara casi al mismo tiempo que una bala distinta impacta desde el bosque.
El mutado cae seco.
Silencio.
Justin gira, arma en alto.
Entre los árboles, una silueta emerge con calma. Equipo táctico gastado. Movimiento contenido. Arma baja, pero lista.
—Tranquilos —dice el hombre—. Si quisiera disparar, ya lo habría hecho.
Justin no baja la escopeta. —Eso también yo lo sé.
El hombre lo observa con atención. Demasiada atención.
—Buen movimiento —dice—. Ese de antes no era común.
Ethan se adelanta un paso. —¿Quién eres?—
Reese —responde—. Ex Fuerzas Especiales.
No dice más.
Esquiva la mirada como si buscara ver algo hacia el camino.
Lila mira a Justin. Él asiente apenas. Baja el arma un poco, no del todo.
—Estamos de paso —dice Justin—. No buscamos problemas.
Reese mira el camión atravesado en la ruta. —Ese no estaba ahí ayer.
Justin lo mira fijo. —Eso pensé.
Reese sonríe apenas. No soberbia. Reconocimiento.
—Hay gente usando los mutados como distracción —dice—. Emboscadas simples. Funcionan con civiles.
—No con nosotros —responde Justin.Se miran un segundo más.
No hay alianza. No hay promesas.
Solo una verdad compartida: el mundo ya no perdona errores.
—La ruta norte está perdida —dice Reese— Si siguen recto, no llegan vivos.
Justin asiente. —Entonces no seguiremos recto.
Reese observa el camino alterno.
Luego mira el camión atravesado. Los cuerpos. El silencio que vuelve.
Aprieta la mandíbula.
—Mi unidad… —empieza, y se detiene—. Éramos seis.
Nadie habla.
—Dos cayeron hoy —continúa—. Los otros… no lo lograron antes.
Justin lo mira. No dice “lo siento”. No hace falta.
—Solo no es buena idea —dice Justin—. Nunca lo fue.
Reese sostiene la mirada un segundo largo.
Luego asiente.
—Si no les molesta… —dice—. Puedo cubrir retaguardia. Sé moverme sin hacer ruido.
Lila lo observa. Luego mira a Justin.
Él asiente.
—Mientras sigas órdenes —dice—. Y no traigas problemas.
Reese suelta una media sonrisa cansada. —Prometo solo los necesarios.
Sube al vehículo.
La Chevrolet vuelve a ponerse en marcha.
No son amigos. No son una familia.
Pero ya no están solos.
Y en este mundo, eso ya es mucho.